EL calor omnipotente descansa bajo las cucharillas de los cafés helados en las terrazas repletas de gentío que murmura verano. Los paseos organizados por la ciudad nos reconocen una vez más. Y los dulces recordados nos esperan. Y los edificios nos espían, disimulan y ofrecen su semblante rojo y caliente de ladrillo cocido.
Y después, el ambiente navideño perpetuo en los gestos y principal protagonista en la casa familiar que nos abduce. La casa de luz ibicenca y contraventanas de siesta que mira al infinito mar sembrado de vid y olivos. Y las mariquitas no comprenden qué pasa cuando, tras el chapuzón inesperado, de pronto, se ven de nuevo en sitio seguro y sus alas empiezan a secarse…
Más tarde, pueblos coloreados, estampados mil coloristas, puntillismo en directo…. El sonido de la brisa que callejea por ellos hace dudar a los habitantes, un poco confundidos, sobre la realidad de tal decorado y refresca a los visitantes que inhalan condescendientes y felices. Fotogramas verdosos desde las cuatro ruedas casi como prolongación de nuestros cuerpos, para poder abarcar todo, lo más posible; casi 360º. El sonido sordo y tintineante busca salida bajo las botas que siempre miran hacia arriba. Y el silencio es agua…
…Y el paraíso agua fría con prisa en la que nos mezclamos por querer formar parte del todo perfecto de aquella tarde.

viviendaspaisaje
PUTICLUB VISUAL