Diciembre 30, 2008 a 10:35 am · Archivado en Etapas vitales and etiquetado: familia, fiestas

Encantada escucho las voces
enmarañadas y superpuestas,
inteligibles pero sonrientes…y me
contagian esa alegría desordenada y
caótica que tiene el gentío…y que me
encanta!!!… Conversaciones cruzadas,
flotando en el aire para posarse luego
en cualquiera que acepta encantado y
sigue el hilo, sin poner pegas ni
inconvenientes, porque lo importante
es hablar…Y si quedas huérfano de
palabras en un momento de ángel,
como suele decirse, simplemente te
acomodas de nuevo en tu sitio y
amplificas todos los sentidos para
dejar entrar toda esa esencia que fluye
ante ti. Y en nuestra ambición por
poseer, quisieras llevarte a casa la
escena, con todos los actores y hasta el
aire que les envuelve contagiado de
sus aromas de fiesta. Pero te
conformas con estirar el momento e
instaurar la sonrisa lo más posible,
para que quede patente en los otros tu
bienestar. Sin otra, intentas grabar en
tu mente lo que estás viviendo y en
eso, pierdes un poco, pues inviertes en
futuro estando aún presente….pero
no puedes evitarlo y cierras los ojos
para intentar recrear el cuadro y
vuelves a abrirlos en seguida, por el
lógico miedo a pederlo todo…. Porque
el jaleo te posee y acelera tus
constantes que devienen
en inconstantes, con subidas y bajadas
inesperadas, como en la noria de la
niñez que ya no recuerdo y que daba
risa y miedo a la vez….
Y te preguntas también porqué acaba
pronto. Porqué se desconecta la vida
durante todo el año para funcionar vía
wi-fi, sin cables y a duras penas y
cuajar sólo al final, en unos pocos días
que se llevan toda la esencia, todo el
aroma. Días oportunistas que llegan
para el fin de fiesta, para brindar y
hacerse la foto….Días donde de verdad
se parpadea, se huele, sepaladea, se
siente, se vive. Días últimos con la
meta en medio que da emoción y
embriaga, pero que también dan
resaca y te abandonan luego sin
miramientos y en pocos segundos a
la auto-establecida insípida
normalidad.