Mayo 6, 2008 a 9:35 am · Archivado en Etapas vitales, General and etiquetado: aburrimiento, alma
Algunas veces no te queda mas que resoplar. Cuando te levantas otro Martes como hoy, quizás igual que otro Martes de hace un mes o un año y piensas: buf!….Porque, ¿por qué este ciclo?, ¿por qué no otra manera?…Si ya se; ya se porqué;…pero entiéndeme.
Yo soy de las que presumo de tratar a los Lunes como a los Viernes; a los Domingos como a los Sábados; repletos de ganas…Los despisto asignándoles un puesto que no tienen; los asciendo de categoría, los confundo….Pero hay dias en que todo se empeña en recordarme el orden establecido. El Sol matutino de cada dia que abre el telón para después cerrarlo al atardecer; los aviones cumpliendo horarios prefijados hace un año; el rocío; la ducha que me devuelve; el olor a café….Pero yo me empeño; cambio mi sitio en la mesa, desayunos sorpresa, recorridos diferentes para un mismo destino; cada dia….Me esfuerzo por que nada me recuerde a ayer.
Ayer fue miércoles toda la mañana.
Por la tarde cambió:
se puso casi lunes,
la tristeza invadió los corazones
y hubo un claro
movimiento de pánico hacia los
tranvías
que llevan los bañistas hasta el río.
A eso de las siete cruzó el cielo
una lenta avioneta, y ni los niños
la miraron.
Se desató
el frío,
alguien salió a la calle con sombrero,
ayer, y todo el día
fue igual,
ya veis,
qué divertido,
ayer y siempre ayer y así hasta ahora,
continuamente andando por las calles
gente desconocida,
o bien dentro de casa merendando
pan y café con leche, ¡qué
alegría!
La noche vino pronto y se encendieron
amarillos y cálidos faroles,
y nadie pudo
impedir que al final amaneciese
el día de hoy,
tan parecido
pero
¡tan diferente en luces y en aroma!
Por eso mismo,
porque es como os digo,
dejadme que os hable
de ayer, una vez más
de ayer: el día
incomparable que ya nadie nunca
volverá a ver jamás sobre la tierra.
Es eso exactamente…