Febrero 27, 2009 a 1:34 pm · Archivado en Etapas vitales and etiquetado: alma, vida
“La nada” (La Historia Interminable)
Poco a poco le veía las orejitas de nuevo a este temido lobo, pero me hacía la huidiza. Pensaba que eran ilusiones ópticas, como cuando aprietas los ojos muy fuerte y al abrirlos, te encuentras de repente en el espacio exterior, con todas esas estrellitas parpadeando….Pues ahí estaba y no la quise ver;…la vagancia, el dia a dia, el sueño, “la nada” de la peli “La historia interminable”; en fin, la inercia.
Y es curioso, porque en el fondo soy consciente. Me doy cuenta conforme pasan los días que empiezo a perder movilidad, que mis músculos se agarrotan como después de una tormenta y de que me voy conformando. Y una parte de mi patalea y grita haciéndome saber su postura, pero la otra sonríe de lado como sólo lo hace Bruce Willis y mira hacia otro lado….Así que me sumergo una vez más en otra etapa de congestión y vegeto mas que vivo por la percepción distorsionada y difusa que me llega a través de mis mermados sentidos.
Hasta que un día me despierto y hago algo. De la misma manera que me fui, he vuelto. Sin ceremonias de apertura ni cierre, sin prólogos ni discursos, sin fuegos artificiales. La misma fuerza subversiva que me arrastra hacia la inanición creativa, me devuelve a la vida de un punta-pie. Y entonces acarreo con todo y me sanciono, me impongo una ley del vivir partícipe y no contemplativo. Un manifiesto bien estructurado con objetivos claros para huir del devenir, del futuro incierto. Y un recordatorio sobre las patéticas consecuencias del “deje” y la contemplación. Una reprimenda que repito en mi interior para que no vuelva a pasarme y al abrir de nuevo los ojos haya pasado ya demasiado tiempo.